El
materialismo dialéctico.(6)
“Estudiaremos brevemente hoy estas
actitudes, insistimos, no con el ánimo de derrotar a un adversario, sino de
asumir todo lo que estas críticas tengan de válido. Solamente después de haber
incorporado a nuestra condición de cristianos esta riqueza de la crítica del
pensamiento contemporáneo a la religión, saldrá nuestra fe purificada y
robustecida”.
Así comenzaba
Tomás Malagón aquella mañana del 69 su exposición sobre las distintas actitudes
que se desprendían de la mentalidad moderna y que se han enumerado antes.
Yo era uno de
los muchos militantes y sacerdotes, que estábamos haciendo el Cursillo de “La fe en el mundo de hoy” en Segovia.
(6)
Malagón era
hombre sencillo, humilde, extraordinariamente sensible, y un intelectual de los
pies a la cabeza. Vestía modestamente y siempre llevaba el alzacuello blanco de
sacerdote católico que entonces, y a raíz del Concilio Vaticano II, sustituía
al traje talar (sotana negra desde el cuello hasta los pies). Un traje-chaqueta
oscuro de paño económico, pero de porte digno, según sus circunstancias
personales. Vivía austeramente, pero rodeado de libros. Su tono de voz era
suave, pausado, pero constante, insinuante y convincente. Su léxico y su método
expositivo era de un rabioso escolasticismo. Casi siempre hablaba mirando a la
gente, siempre de pie, y de memoria. No llevaba ningún guión escrito, pero su
método de análisis era sistemático, disciplinado y contundente. Decía lo que
estaba pensando en ese momento. Y lo tenía muy bien pensado.
Para mí,
Malagón era uno de los intelectuales más interesantes de la época. Bajo aquella
apariencia retrógrada de hombre trasnochado, había una cosmovisión, unos
planteamientos intelectuales salidos de la realidad de los militantes
cristianos y de su propia experiencia, que no tenían límite alguno. En su
análisis económico, social y teológico no había impedimento alguno para seguir
adelante. Su visión intelectual no tenía barreras. Llegaba hasta donde hiciera
falta llegar y hasta donde la ciencia había ido abriendo camino. Y siempre su
pensamiento estaba abierto a “ese algo más” al que el hombre debe aspirar. No
era un empollón. Era un intelectual. Vivía como pensaba, y pensaba como vivía.
Y continuaba:
(6)
“Un sistema tiene siempre de verdad por lo
menos lo que tiene de crítica. Se puede superar a un adversario o por
eliminación –ya sea la eliminación brutal del asesinato: la Inquisición- o por
la eliminación intelectual de los argumentos aplastantes o por asumción, es decir, tragándose y
asimilando todo lo que es aceptable de su ideología. De este modo nos
habituamos a un talante dialéctico que aspira a una síntesis superadora de la
antítesis y tesis. Aceptar, comprender,
reconocer y asimilar es el mejor modo de superar. De ahí salimos con
nuestra riqueza propia purificada de adherencias históricas y con la riqueza
ajena que nos permita ser hombres de nuestro tiempo sin dejar de ser creyentes.
Así lo hizo Santo Tomás con Aristóteles”.
La crítica del
pensamiento contemporáneo no solo se hacía al cristianismo oficial o
tradicional, sino que también se hacía sobre la teología del postconcilio, y de
las posturas que pretendían ser más avanzadas. (6)
Entre los
teólogos de la época hay también lagunas notables. Por ejemplo:
Kurl Rhaner quien ha asimilado muy bien
el existencialismo de Heidegger, ignora, sin embargo, el pensamiento dialéctico
marxista.
Yves Calvez que ha estudiado a fondo el
marxismo, no lo asume ni lo incorpora al pensamiento cristiano, sino que lo
analiza y lo juzga desde fuera.
Lo mismo
ocurre con los teólogos de la
secularidad y de la muerte de Dios respecto
al talante ateo contemporáneo: más que síntesis enriquecedoras hay meras
concesiones que empobrecen la propia fe y no dan cuenta suficiente de las
críticas que se hacen a la fe cristiana. Si bien es cierto que lo que se
critica del cristianismo es fundamentalmente lo que tiene de residuo histórico.
Muchos hombres
rompen sin traumatismos ni sufrimientos con la religión. Es algo que ha perdido
valor y sentido y se abandona como un traje que se ha quedado pequeño. Esta
actitud está cada vez más extendida. Es fruto de una sociedad de consumo, de
una sociedad opulenta que tiene por dios el bienestar y el hedonismo. Esto
podemos calificarlo de indeferencia
religiosa. (6)
Sin embargo el
ateismo se preocupa por el problema religioso. Al ateo le preocupa la condición
del hombre, su destino y el sentido de su existencia; solo que resuelve estos
enigmas negativamente.
Marx no se
conforma con la sociedad que tiene delante de sí, (ricos-pobres, opulencia-miseria;
cultura de entretenimiento-analfabetismo; unos se dan la gran vida y otros
viven en la miseria), se revela y quiere cambiarlo.
Carlos Marx
hace una apuesta personal con su vida: en vez de vivir como profesor, empieza a
vivir como trabajador. Opta por la clase trabajadora. Y pone a su servicio su
formación intelectual.
Pero el
indiferente no se preocupa. Su actitud en el fondo es más frívola que crítica.
Los problemas que más atención merecen del hombre, los margina. Esta es la
actitud más difundida entre nuestros contemporáneos. Ante esta actitud no queda
otra postura para el cristiano que la de incordiar, despertar inquietud, empujar
a los hombres de su tiempo hacia un callejón sin salida para que reaccionen. El
indiferente religioso lo es para todos los problemas graves que agobian a sus
semejantes. Bajo ese “mirar hacia otra parte” se permiten muchas injusticias y
muchos atropellos especialmente con los más débiles.
Marx observa
las falsas soluciones dadas a los problemas de los hombres habidas hasta el
momento en que vive.
Por ejemplo,
los filósofos se han entretenido en buscar soluciones ideológicas pero no
reales; y han creado una cultura para los que tenían el estómago lleno, pero
que en nada servía a los pobres. Y en todo caso esa cultura estaba alejada de
los miserables. Por lo que critica un idealismo que es evasión y critica un
materialismo que es sin remisión, sin posibilidad de cambiar.
Los políticos
han hecho otro tanto: han creado un estado para los fuertes, pero no para
defensa de los débiles. Las leyes favorecían a los propietarios pero de nada
servían a los esclavos. O a los siervos de la plebe.
Y la Religión
crea falsas expectativas en los hombres, porque les infunde resignación y
porque les dice que la felicidad la conseguirán en la otra vida. (6)
El materialismo dialéctico de Marx
tiene una actitud muy distinta a la de la indiferencia religiosa. Al ateo
marxista nada humano le es ajeno. Y de
todo lo anteriormente expuesto, piensa Marx, se ha seguido una enajenación
social. “Los pobres malviven y por otra parte los ricos no se sienten seguros”.
Por eso tienen que crear instrumentos de control de los esclavos, de los
siervos y de los proletarios. (6)
Marx desea una
sociedad sin clases, donde el hombre se realice plenamente en comunión con la
naturaleza y con los demás hombres. (6)
Según
nosotros, sería aquello de la Biblia que dice: (Isaías 11,6) “Serán
vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el
novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá”.
Hablamos del
materialismo como de un sistema de pensamiento a la base y origen de toda
realidad. (6)
La Cosmovisión
desarrollada por Marx y Engels recogiendo el legado de Hegel establece
científicamente la TESIS, ANTÍTESIS, y SÍNTESIS de la materia.
Marx viene a
ser la síntesis de Hegel y de Feuerbach. Acepta la dialéctica idealista pero la
materializa, aplicándola al estudio de la Naturaleza y del Hombre.
La Historia se
desenvolverá mediante ciclos dialécticos. Afirmación, negación de esa
afirmación, y síntesis de las dos. Es decir que se acepta algo de las dos, pero
se crea algo nuevo. Todo se desarrolla dialécticamente en la Naturaleza, en el
Individuo y en la Historia. Así avanzarán las ciencias, a base de intentar
superar el presente, y creyendo en la utopía, se descubren nuevas realidades,
se crean nuevos acontecimientos. La Humanidad avanza progresivamente.
Es un sistema
de pensamiento que pretende asumir por superación toda filosofía, toda
concepción económica, y toda superestructura religiosa. Donde Hegel ponía la
idea, Marx pone la materia, que es el objeto único del conocimiento del hombre,
y cuyas leyes son:
1ª.- Todo es relativo, contingente e
histórico. Nada hay sagrado y absoluto. Toda concepción metafísica es
alienante.
2ª.- La realidad de los seres se hace por
unión de contrarios. Por ejemplo, en
la electricidad, polo positivo y polo negativo, protones y neutrones en la
química, etc. De esta unión de contrarios nace el movimiento. La materia es
constitutivamente movimiento, es esencialmente autodinámica. Dios como motor no
es necesario. La materia es tiempo. Pero esta temporalidad es duración sin origen. “La materia se
transforma, pero no se crea ni se destruye”.
3ª.- Ley de negación que desarrolla
indefinidamente su proceso la materia
como única fuerza. Por lo que es innecesaria una inteligencia ordenadora del
universo.
4ª.- Ley de transformación: “un cambio
cuantitativo provoca un cambio cualitativo”. El espíritu como algo
independiente o superior a la materia es eliminado. El espíritu es producido
por la materia, es una operación de desarrollo cualitativo de la materia.
De estas leyes
deduce Marx que Dios es una hipótesis innecesaria. Dios es un mito inventado por el
hombre en su ignorancia y en su miedo a lo desconocido. Una concepción
científica del mundo no necesita a Dios.
El pensamiento es una operación de la
materia. El alma no tiene una base verdaderamente científica.
La conciencia, el espíritu, son productos
del cambio.
Y este materialismo dialéctico engendra un
materialismo histórico:
“El hombre es
naturaleza y las leyes de la naturaleza surgen en el hombre del proceso de
producción, cuyas características son la actividad pensante, el trabajo y los
instrumentos”.
“Las fuerzas
productivas son dialécticas, y están en constante cambio. Estos cambios
determinan las relaciones sociales”.
Inicialmente
la dialéctica surge en forma de tiranía y esclavitud.
Una carencia
de planificación produce la ley “de la oferta y de la demanda”.
Los bienes
producidos por el capital saturan el mercado, que termina estando concentrado
en unas pocas manos. De ahí surge la competencia y la propaganda. Cuando unos
se enriquecen, otros entran en crisis económicas. Por lo que las relaciones
sociales quedan alteradas. El cambio cualitativo de las relaciones sociales
produce burguesía y proletariado.
Hay un momento
en la historia del hombre en el que aparece la esclavitud como una situación
totalmente lógica. Y en otro momento produce la burguesía y el proletariado.
Es el sistema económico el que determina
las formas de sociedad. Las fuerzas producidas y las relaciones sociales
constituyen la infraestructura, y determinan las condiciones materiales y las
clases sociales. Estas condiciones, a su vez, determinan la forma del Estado
que no es otra cosa que la estructura política. La agrupación de todas las
estructuras constituyen la realidad social, que a su vez determina las
ideologías y la conciencia social en el proletariado. Es pues la realidad la que da el ser social, y la que determina la
conciencia social.
Pero para ello
desencadena una lucha feroz (lucha de clases), y poniendo como objetivo la
Dictadura del Proletariado. Dictadura que llevó acabo Lenin y la culminó
Stalin.
Por otra parte
vemos que la religión está sobre todas las ideologías como una superestructura.
“Por eso el cristianismo es el reflejo producido en la conciencia de una
sociedad burguesa y mercantil”.
“La religión
nos distancia de nosotros mismos y nos aparta también del mundo y de los otros
hombres. La religión es una droga. Incluso nos impulsa a odiar a nuestro
cuerpo, que es el único cimiento de que disponemos para el progreso. Nos
enemista con nuestra propia conciencia porque nos dice que el hombre es un
miserable. Es el opio del pueblo, al dejar en manos de un dios inventado la
solución de una empresa que solo el hombre tiene el derecho y el deber de
realizar”. “En una sociedad de esclavos es una droga que mitiga la tristeza con
la ilusión de un más allá, fomenta la paciencia, la resignación y calma los
nervios. Paraliza la actividad creadora y hace del hombre un ser pasivo ante
una naturaleza fatal e irreversible”. “Por esto es la religión el opio del
pueblo y el origen de todas las otras alienaciones”. Constitutivamente se
pondrá a favor de los poderosos, lo mismo que el derecho y la moral. Cuando el
hombre despierta con conciencia crítica ante la falacia de esta
superestructura, surge la lucha de clases. La historia no es sino una lucha de
clases. (6)
¿”Habrá que dejar de creer en Dios, para
poder creer en el hombre”? Es una pregunta que mucha gente se está haciendo
en la actualidad en el año de 2.009.
En todo este
proceso el hombre es a la vez víctima de sucesivas alienaciones, y el
“Prometeo” que las va superando, y liberándose de ellas.
Este es el
entramado del materialismo histórico.
En resumen:
“El Marxismo implica una negación de
Dios, una negación del espíritu como sustancia, y una crítica de la religión
como alienación del hombre; una exclusión de la providencia de todo el orden
natural en la historia humana, y supone una lucha de clases presidida por el
odio. (6)
Tomás Malagón
Almodóvar nació en Valenzuela de Calatrava (Ciudad Real) en 1.917. Ingresa en
el Seminario de Ciudad Real en 1.929. En 1.933 continua sus estudios
eclesiásticos en la universidad Pontificia de Comillas (Santander).
Durante la
guerra civil combate como soldado de transmisiones en el frente de las
Alpujarras. Se especializa en Meteorología y da clases a los oficiales del
Ejército Republicano.
José Domínguez
recuerda en Noticias Obreras, nº 886-887, julio-agosto de 1.984: “Hay una
circunstancia especial en la vida de Tomás Malagón. Cuando tenía 19 años,
recién terminada la filosofía en la Universidad de Comillas, fue movilizado por
el ejército republicano. Destinado al frente ente las provincias de Granada y
Almería pasó los tres años de la guerra, salvo una breve estancia en Madrid, en
Berja (Almería), donde radicaba el estado mayor del General Galán, en Ujijar y
en la Rábita (Granada). Fue enviado a Madrid para hacer unos cursos especiales
y volvió al frente como profesor de oficiales y suboficiales y como jefe de transmisiones.
En el frente conoció a numerosos militantes anarquistas, socialistas y
marxistas. Eso le llevó a interesarse por esas corrientes del pensamiento
obrero.
En aquellos
años tuvo su primer contacto con el marxismo, leyendo las obras originales o las
exposiciones resumidas de Marx, Engels y Lenin que circulaban entre los
militantes. Entre los papeles que ha dejado figura su carnet de afiliado al
partido comunista durante la guerra civil.
El General
Galán le presionó, para que aceptara ser dirigente de las juventudes
socialistas. En ese clima se planteó por primera vez el problema de las
relaciones entre fe cristiana y militancia obrera. Estando en el frente de
operaciones entre Motril y la Rábita, en su puesto central de transmisiones,
durante un ataque sorpresa y un intenso bombardeo del ejécito nacional,
prometió a Dios que, si escapaba con vida de la guerra, se haría sacerdote y se
dedicaría a los obreros. La luz había brillado en su interior. En ese momento
empezaba a superar la contradicción “fe cristiana-militancia obrera” y empezaba
a surgir su síntesis personal entre experiencia cristiana y militancia obrera.
Este compromiso se tradujo años más tarde en la fundación de una Hermandad
Obrera Ferroviaria en Ciudad Real
(1.944) y en su posterior dedicación plena a la HOAC a partir del año
1.946.
Malagón se lo
contó detalladamente a Domínguez allá por el año 1.964.
Personalmente
y en términos generales yo se lo escuché a lo largo de los muchos cursillos que
hice con Tomás Malagón en los años que van
del 68-72.
Y sigue
diciendo Domínguez: “Por distintos caminos, había llegado a la misma conclusión
que Rovirosa: la experiencia mística cristiana y la militancia obrera, que
hasta entonces habían sido contrarias y antagónicas, podían caminar juntas; la
mística cristiana podía potenciar la militancia obrera y la militancia obrera
podía restituir al cristianismo su pureza originaria. El encuentro de Malagón y
Rovirosa determinó el carácter fundamental del pensamiento teológico de
Malagón”. Fueron íntimos amigos hasta la muerte de Rovirosa el 27 de Febrero de
1.964. Exactamente 20 años después y en el mismo día moriría Tomás Malagón. (8)
Malagón se
ordenó sacerdote en julio de 1.943.
(Para más
información ver Noticias Obreras nº 876, del 16 al 31 de marzo de 1.984. Y nº
1.476 del 16 al 31 de marzo de 2.009. Además el libro de Alfonso Fernández
Casamayor “Teología, fe y crencias en Tomás Malagón, Ediciones HOAC. Madrid
1.988. Y “Aproximación a la historia de la HOAC, 1.946-1.981 de Basilisa López
García. Edicioenes HOAC. Madrid 1.995).
Carlos Marx y “Jesús de Nazaret”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario